Cómo cultivar gratitud y presencia en esta etapa de la vida
- Alejandro Yrazabal

- 4 ene
- 3 Min. de lectura

Hay un momento en la vida en el que el ruido externo ya no seduce como antes.Las exigencias pierden fuerza, las máscaras pesan, y el alma empieza a hacer preguntas más honestas.
No es casualidad. Es una etapa de madurez emocional y espiritual, donde la vida invita a habitar el presente con más verdad. En este punto del camino, la gratitud y la presencia dejan de ser conceptos bonitos y se convierten en necesidades del alma.
Cuando la vida pide pausa y profundidad
Muchas personas llegan a esta etapa sintiendo que:
Han dado mucho a otros
Han sido fuertes por demasiado tiempo
Han cumplido roles, expectativas y responsabilidades
Y, aun así, sienten un vacío silencioso
Ese vacío no es falta. Es un llamado interno a volver a ti.
La gratitud y la presencia aparecen como puertas hacia una forma más consciente de vivir.
¿Qué significa realmente cultivar gratitud?
La gratitud no es negar el dolor ni “pensar positivo”.Es reconocer la vida tal como es, con sus luces y sus sombras, sin cerrarle el corazón.
Cultivar gratitud es:
Honrar lo vivido, incluso lo difícil
Agradecer lo que permanece
Reconocer la fuerza que te trajo hasta aquí
Valorar lo simple, lo cotidiano, lo que antes pasaba desapercibido
La gratitud madura no nace de la abundancia externa, sino de la presencia interna.
La presencia: el arte de estar donde estás
Estar presente es uno de los mayores desafíos de esta etapa, porque la mente suele habitar:
El pasado (lo que fue, lo que no fue)
El futuro (lo que vendrá, lo que temo perder)
La presencia es el único lugar donde:
El cuerpo se calma
Las emociones se ordenan
El alma respira
Estar presente no es controlar la mente, es volver al cuerpo y al instante.
Gratitud y presencia: un acto de sanación emocional
Cuando practicas presencia:
El autojuicio se suaviza
La ansiedad disminuye
El sistema nervioso encuentra seguridad
Cuando practicas gratitud:
Cambia tu percepción de la vida
Se fortalece la autoestima
Se amplía la sensación de sentido
Ambas prácticas son profundamente terapéuticas porque reordenan la relación contigo misma.
El valor de la espiritualidad en el ser humano
En la Biblia se usa el término espiritualidad para describir el deseo intenso que tiene una persona de agradar a Dios y de pensar como él. La persona espiritual se esfuerza por vivir según las normas de Dios y seguir la guía de su espíritu santo (Ampliar el tema de la espiritualidad)
En esta etapa, la espiritualidad se vuelve un refugio, no una creencia impuesta.
Es el espacio donde puedes decir:
“No tengo todas las respuestas, pero puedo confiar”.
Espiritualidad como sostén emocional
Cuando la vida ha sido intensa, la espiritualidad ayuda a:
Soltar el control excesivo
Aceptar los ciclos
Comprender las pérdidas
Darle significado al dolor
No para justificarlo, sino para integrarlo.
La espiritualidad devuelve perspectiva cuando la mente se estrecha por el miedo o el cansancio.
Prácticas sencillas para cultivar gratitud y presencia
1. Ritual de gratitud consciente
Cada noche, escribe tres cosas por las que agradeces. No grandes logros: momentos reales.
2. Presencia corporal diaria
Detente unos minutos y siente:
Tu respiración
Tus pies en el suelo
Tu cuerpo habitado
3. Palabras que conectan
Frases como:
“Aquí estoy”
“Este momento es suficiente”
“Confío en el proceso de mi vida”
El lenguaje también es una práctica espiritual.
Esta etapa no es un final, es una integración
No estás llegando tarde. Estás llegando con más conciencia.
La gratitud honra lo vivido. La presencia te devuelve al ahora. La espiritualidad te recuerda que no estás sola en el camino.
Un mensaje para ti
Tal vez hoy no necesitas cambiar nada. Solo estar.
Respirar. Agradecer. Confiar.
Eso también es crecimiento.

.png)



Comentarios